Monasterio cisterciense de la Madre de Dios

 

Fundado a finales del siglo XIII. Las monjas del Cister permanecen en este lugar sin interrupción desde 1246. Siguen la Regla de San Benito, en la sencillez de la vida cisterciense, en torno a los dos grandes ejes de oración y trabajo. Todo se dirige a vivir en presencia de Dios, en humildad y alegría. El principal trabajo es atender la Casa de Oración, siempre desde la clausura. Se ofrece a aquellos que, en búsqueda o necesidad espiritual, desean participar en su oración y encontrar el amor y la paz que la vida monástica brinda. La capilla perma­nece abierta desde Maitines hasta Completas.

 

El monasterio es lugar de desierto, silencio y ora­ción, enclavado en un paraje privilegiado del Alto Tajo. La naturaleza ofrece aquí todo su inmenso, templo. Los paseos a la ermita, por el Via Crucis, hasta el mira­dor, hacen muchas veces posible ese instante que jamás se olvida.

 

El rezo de las Horas se desarrolla con arre­glo a la Ordenación Litúrgica Romana. Se pide a cuantos deseen participar en la liturgia que procuren respetar el ritmo y la tonalidad de la salmodia, incorporándose a lo que la comunidad de monjas les ofrece. En Maitines, después de Sexta, y al terminar Completas se reza el Ángelus de pie y en silencio; en Sexta y en Completas se toca la campana.