mar

09

ene

2018

Nada es definitivo, solo Dios

Queridos hermanos:

Se ha terminado la Navidad y ya disfrutamos del Tiempo Ordinario. Han sido días muy intensos, en los que en las celebraciones litúrgicas se derramó la gracia del Misterio que celebramos. Damos gracias por las bendiciones que nos concede el Señor, a nosotras y a toda la humanidad.

Así es también la vida, después del día viene la noche, tras las fiestas ha llegado el tiempo habitual de trabajo, estudio …etc.  Esta alternancia nos ayuda y nos sitúa en la verdad: nada es definitivo, solo Dios. Igual se expresa el refranero popular: “No hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista”. 

A veces, vivimos tan centrados en nosotros mismos, que todo lo engrandecemos con el pensamiento. En esos momentos en que pensamos que el sufrimiento durará siempre, escuchemos al profeta Isaías: “Mirad a mi siervo” (Is 42, 1), en la primera lectura del Domingo del Bautismo del Señor. La imagen del Siervo de Yahvé nos enseña el amor de Dios a cada uno de nosotros.  Abrirnos a esta experiencia de sabernos amados de Dios: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto” (Mc 1, 11) da sentido a nuestra vida. El Bautismo que recibimos siendo niños, ha ido realizándose a lo largo de la vida. En el himno de esta fiesta, cantamos el domingo: “Es Jesús, el ungido del Padre, el que viene del cielo, trayendo un bautismo en Espíritu y fuego para darnos su gloria de Hijo”. Este es el camino que hemos iniciado con el Tiempo Ordinario, y el de toda nuestra vida, ir creciendo en confianza en Dios Padre, ya que somos sus hijos. Y esto no quiere decir que todo nos tiene que ir bien; las circunstancias de la vida son diversas, unas veces más favorables, otras más adversas, pero todas ellas las mejores para revivir la gloria de hijo recibida en el Bautismo.

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mié

20

dic

2017

Mi Cristo está en mí y Él es el que lo hace todo

Muy queridos en el Señor:

En la puerta de la Navidad, del Nacimiento de nuestro Salvador, nos hemos encontrado en la oración y en la celebración de la Eucaristía, pero no como el año pasado por estas fechas, ¡no!; ¡ojalá nuestra vida sea como un tornillo, que cada vez que da una vuelta, se introduce un poquito más en el corazón de Dios! Tal vez, sea más acertado decir: ¡ojalá en cada vuelta abramos un poco más la puerta de nuestro corazón a Cristo! De esta manera, podemos dejar salir todo lo que estorba, entretiene los afectos y no deja entrar a Dios. Y así, con sincero corazón cantar con el salmista: “¡Portones alzad los dinteles! Que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la Gloria” (sal 24, 7). 

 A lo largo de todo el Adviento, que está a punto de finalizar, la Iglesia nos ha ayudado a prepararnos para acoger al Redentor. En la liturgia de la Palabra del Domingo pasado escuchamos a Juan Bautista decir de si mismo: “Yo soy la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor” (Jn 1, 23). “Allanad el camino del Señor”, esta frase ha resonado muy particularmente en nosotras. Allanar en la convivencia cotidiana, facilitar que el Señor llegue al corazón de quienes viven cerca de nosotros, de quienes Él pone en nuestro camino. Allanar un camino significa quitar las piedras, rellenar los baches, en definitiva, facilitar el tránsito por él. A esto nos llama el Señor: a remover las piedras de nuestro orgullo, a rellenar los baches de nuestro egoísmo, en definitiva, a vaciarnos, a renunciar a nosotros mismos, al menos no poner resistencia a la acción del Espíritu Santo en nuestra vida.

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mar

14

nov

2017

Acoger y vivir la esencia del Evangelio

Queridos hermanos en Cristo:

Desde nuestra cita de octubre han transcurrido muchos días, muchos momentos de encuentro personal con el Señor y hemos vivido muchos acontecimientos. Unos días han sido más relevantes; otros, sumergidos en la cotidianidad. Todo ello pasado por “el colador” de nuestra subjetividad. En definitiva, días únicos, eslabones de la cadena de nuestra vida, de nuestra peregrinación hacia el cielo. 

Estos pensamientos sobre la vida diaria y particular de cada uno, nos han surgido en relación con las celebraciones del día de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Jornadas que, más allá de lo puramente comercial y consumista, nos invitan a elevar la mirada a Cristo y a afrontar la realidad de nuestra finitud. Como decía santa Teresa de Jesús: “Nuestra vida es una mala noche en una mala posada”. Ciertamente estamos de paso en esta tierra; sin embargo, podrían decirnos que lo disimulamos muy bien. Tenemos una fuerte tendencia a querer asegurar la vida con bienes materiales, que no nos falte de nada. Y, con frecuencia, confundimos felicidad con bienestar. La consecuencia es fácil de adivinar, nos ocurre como a los discípulos de Jesús en el monte Tabor: “Maestro, qué bien estamos aquí, hagamos tres tiendas...” (Lc 9, 33). Olvidamos que estamos en camino, y cimentamos nuestra vida en el trabajo, la familia, los bienes materiales… Igual de torpes y necios que los primeros discípulos. Lo mismo que vivieron los israelitas en el desierto, que guardaron el maná para el día siguiente: “y salieron gusanos que lo pudrieron” (Ex 16, 20 b).

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mar

03

oct

2017

El Señor es mi fuerza

Queridísimos amigos: Con el buen sabor en la boca del Día de la Amistad, nos reencontramos esta tarde en la oración. En el tradicional concierto, nos deleitó un coro muy especial, formado por nuestros amigos más jóvenes. A todos ellos, a quienes les ayudaron y a sus familias les damos las gracias de todo corazón. Ciertamente somos una Comunidad muy privilegiada y uno de los motivos es por los grandes Amigos que nos ha regalado el Señor.

Para nosotras, el verano que ha finalizado ha sido intenso, gracias a Dios. Y a la vez hemos vivido, como siempre, que Dios ha provisto todo lo que hemos necesitado. Lo mejor, la ayuda de muchas personas que han colaborado con su esfuerzo y nos han aliviado en nuestra carga de trabajo. El Señor nos ha cuidado como a las niñas de sus ojos y a la sombra de sus alas nos ha escondido del enemigo mortal, del Tentador, que ha querido cercarnos: con el cansancio, el calor, los sucesos imprevistos, las incomprensiones, la soledad, la escasez de agua…. (cf. Sal 17, 8-9). Finalmente, por su inmensa misericordia, hoy podemos cantar con el salmista: “El Señor es mi fuerza y mi energía, Él es mi salvación (Sal 117,14).

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mar

06

jun

2017

Todos los días, el mismo paisaje; cada día, nuevo

Queridísimos amigos: 

Es una gran alegría encontrarnos, compartir nuestra fe. Este es hoy un gran regalo del Señor, en este mundo individualista que trata de relativizarlo todo; por eso nos ayuda escuchar al evangelista san Juan: “No sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo” (Jn 15, 19). Es decir, ya no debemos dejarnos arrastrar por doctrinas complicadas y extrañas (cf. He 13, 9), o por lo que hace todo el mundo. Porque la elección que Dios ha hecho de nosotros es irrevocable (cf. Rm 11, 29). 

Mientras escribimos estos pensamientos, hemos reiniciado el Tiempo Ordinario, y estamos gozosas por la celebración solemne de Pentecostés. La Vigilia, podríamos decir en sentido amplio, se inicia, ya por la mañana, con la romería a la ermita de la Virgen de los Santos. Porque reunidos los discípulos con la Virgen María en el Cenáculo, recibieron el Espíritu Santo. Este año, por las lluvias se suspendió la romería, y los pueblos de Huertahernando y de Buenafuente del Sistal con la Comunidad celebramos juntos la Eucaristía en honor a la Virgen de los Santos. Así, reunido el pueblo de Dios en torno a nuestra Madre, recibimos el Espíritu Santo,  cada uno personalmente, pero estando todos juntos.

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mar

09

may

2017

Quiero mirar con tus ojos, hablar con tu boca...

Queridos hermanos y amigos: nos ha visitado nuestra Madre, la Virgen María, en su advocación de Fátima. Sí, aceptó la invitación de nuestro capellán, ha venido a nuestro rincón del Alto Tajo y ha sido nuestra huésped. “El Señor ha estado grande con nosotras y estamos alegres” (Cf Sal 125, 3). El entusiasmo y la emoción por la cercanía de nuestra Madre, la Virgen, llena nuestro corazón y nos convence de que tanta atención de nuestra Madre será fecunda. 

Por lo pronto, una comarca envejecida se ha movilizado a recibir a la Virgen. Ha sido como una ráfaga de aire fresco que ha favorecido la convivencia, el encuentro entre los vecinos de los pueblos, los Amigos que habéis acudido de varios puntos de la tierra española y también la Comunidad. Para nosotras ha sido una jornada de puertas abiertas, puertas abiertas al Corazón de María.

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