vie

15

mar

2019

Cuaresma 2019

EN AYUDA DE NUESTRA DEBILIDAD

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vie

15

mar

2019

I Viernes de Cuaresma

X Estación, Jesús es despojado de sus vestidos
X Estación, Jesús es despojado de sus vestidos

“Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (Ez 18, 21-28)

El pecado avergüenza, la misericordia divina devuelve la dignidad.

A Jesús lo despojan de sus vestidos, y nos deja su túnica para recuperar nuestra identidad de hijos de Dios.

PENSAMIENTO

Nunca el pecado es mayor que el poder de Dios.

PROPUESTA

Considera que has sido revestido de la naturaleza humana, que asumió Jesús en el seno de María, su Madre.

CUESTIÓN 

¿Te miras con los ojos del Creador, quien te hizo a imagen de su Primogénito?

mar

05

feb

2019

Vivir arraigados en Cristo

Muy queridos en el Señor:

 Iniciamos el mes de febrero en el corazón del Tiempo Ordinario, en este invierno de 2019. Estamos en el momento cotidiano, la hora de vivir “arraigados en Cristo” (Cf. Col 2, 7), como les dijo el Papa Benedicto XVI a los jóvenes en Madrid. Siempre nuestra alma necesita vivir arraigada en Cristo. Hay tiempos como el de Navidad o de Pascua que nos ofrecen alicientes especiales que nos ayudan: la familia o las costumbres populares. Pero ahora estamos en un día normal y en nuestro orden del día, está: el trabajo de casa que nadie hace, estudiar, sacar adelante los proyectos menos llamativos, estar solos… En definitiva, es el tiempo de recorrer con Jesús los caminos de la vida que vivió “pasando por uno de tantos” (Flp 2, 7b): Esperó en la cola el bautismo de Juan, en la sinagoga de Nazaret lo quisieron despeñar, se rindió a los deseos de su Madre y adelantó el inicio de sus grandes manifestaciones en la boda de Caná. Tiempo de dejarnos guiar por el Espíritu, como Él lo hizo: “Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu” (Lc 4, 14a). 

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jue

20

dic

2018

Felicitación Navidad 2018

mar

18

dic

2018

Hágase en mí según tu Palabra

Estimados amigos y hermanos en Jesús:

Estamos cerca de contemplar a nuestro Dios, Niño en Belén. Al mismo Dios que llevaremos a la Cruz, por nuestras desobediencias y ambiciones y que resucitará para nuestra salvación.

Esta Navidad no es una más. Cada día tiene su afán. Nuestra salvación, nuestra vida vale solo en el momento presente. Sin embargo, esta sociedad, en la que vivimos, nos movemos y existimos, está gobernada por la apariencia; está sometida a la dictadura del consumo, y nos arrastra con sus redes. A todos y a cada uno en particular, aunque nos cuesta reconocerlo. Ya lo dijo Jesús en el Evangelio: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24b).

D. Alfonso Millán, obispo emérito, nos explicaba en una homilía las consecuencias de no vivir el momento presente: “Nos hace superficiales, facilita una vida rutinaria y monótona, estimula la dispersión mental y nos ausenta de la vida.”

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mar

06

nov

2018

Abrir nuestro corazón al amor de Dios

Queridísimos hermanos: Muchísimas gracias por vuestras oraciones, siempre, y en particular durante los días de nuestros ejercicios espirituales. Es una bendición marchar por la vida acompañados y habitados por la Santísima Trinidad y peregrinando con toda la Iglesia hacia la Casa del Padre, nuestra morada definitiva.

Vivir en “Acción de Gracias”, en alabanza, es una de las cosas en que más nos ha insistido el padre jesuita que nos ha predicado los ejercicios. “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (1ª Co 15, 10), dice san Pablo. Nuestra vida es un regalo, disfrutamos del don de la fe. Hoy mismo, desde que nos hemos levantado, el Señor ha tenido con nosotros muchos detalles que nos parecen normales. Sin embargo, no es así, ya que la mayor parte de la humanidad no los han disfrutado: una cama acogedora, agua caliente, un buen desayuno, ropa… Cuando entramos en la dinámica del mundo, en la que es muy sencillo participar, incluso para nosotras, nos apropiamos de los dones que nos da el Señor, y nuestra vida se desquicia. Cuando todo lo que es don y gracia lo desvinculamos de Dios, que es el Sumo Bien, perdemos la referencia de nuestra realidad, de la verdad de nuestra vida: somos criaturas de Dios. Nos ocurre lo mismo que al fariseo de la parábola del Publicano y el Fariseo (Lc 18, 9-14): no vive su comportamiento moral como don y su corazón se llena de orgullo, juicios y desprecio. 

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