mar

01

oct

2019

Ser Buenafuente

Queridos Amigos en el Señor:

¡Qué bien este reencuentro, después del intenso verano!

Esta tarde, al comienzo del nuevo curso, nos sentimos “obligadas” a recordar los dos acontecimientos, que en este verano de 2019, nos han abrazado y unido como familia, como hermanos en Jesucristo.

Como ya sabéis, el cinco de julio nos dejó nuestro amigo Pablo Marín, presidente de la Fundación Buenafuente. Y el pasado 14 de septiembre, celebramos con gozo los cincuenta años de ministerio presbiteral y de servicio en Buenafuente del Sistal de nuestro querido capellán. Nuestro peregrinaje en esta tierra es así, entre luces y sombras, siempre en camino. Y ¡ojalá siempre con el salmo 18 en el corazón y en la boca: “Yo te amo Señor, tú eres mi fortaleza”. En constante oración de acción de gracias y de intercesión. 

De nuestra dedicación estival a acoger personas que vienen para unos días de ejercicios espirituales y para compartir con nosotras unos días de oración, podemos decir con san Pablo que “hemos llegado a la meta” (2ª Tim 4, 7). Cómo hemos combatido, sólo Dios lo sabe. Igual que los últimos años, o mejor dicho igual que siempre, el Señor ha tenido en cuenta nuestras fuerzas. El descenso del número de personas en las tandas de ejercicios espirituales y el catering para la celebración de las bodas de oro, han sido los medios de Dios, para que hayamos llegado “a la meta”.

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mar

04

jun

2019

Tenían un solo corazón

Queridos hermanos en el Señor:

En la reunión de esta tarde podemos sentirnos como los discípulos de Jesús, reunidos en el Cenáculo con la Virgen María. Nosotros también “hemos visto al Señor” (Jn 20, 25a); al atardecer, lo hemos reconocido al partir el pan (Cf. Lc 24, 29); cabe, también, que tengamos miedo “a los judíos”. Así es, y sin alardear de nada, sin ninguna presunción, aquí estamos.

Es verdad que hay circunstancias de nuestra vida que nos paralizan, y nos hacen presa del miedo. “Y por el miedo que tenemos a la muerte, estamos de por vida sometidos a la esclavitud” (CF. He 2, 15). Esclavos de hacer nuestra voluntad, en alguna cosa pequeñita, tener dominio sobre algo o alguien, aunque sea sobre uno mismo. Hemos de reconocer que somos de la misma naturaleza que Adán y Eva y el afán de poder, de dominio, en definitiva, de ser uno mismo, nos seduce tanto, tanto, que comemos de la manzana. Casi siempre, creyendo que hacemos un bien. 

En nuestra carta del mes pasado confesamos nuestra pequeña aportación en el libro de Antonio Gil de Zúñiga: “Tenían un solo corazón”. En el día a día, si reflexionamos con sinceridad, nos puede parecer una película de ciencia-ficción, un ideal bonito más que una posibilidad real. Sin embargo, si Jesucristo ha Resucitado, que verdaderamente ha Resucitado, estamos llamados a romper con la dictadura actual del individualismo, con el muro invisible que rodea nuestro corazón.

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mar

07

may

2019

¡Jesucristo ha resucitado, aleluya, aleluya!

Queridos amigos:

¡Jesucristo ha resucitado, aleluya, aleluya!

Verdaderamente ha resucitado, aleluya, aleluya!

Cerca ya del ecuador de esta Pascua, para nosotras está lleno de sentido este saludo pascual, pues nos ayuda a no perder de vista que la muerte ha sido vencida. Es verdad, “sus heridas nos han curado” (1Pe 2, 24 b); entonces “vivamos para la justicia” (1Pe 2, 24 b). Es decir: aceptémonos a nosotros mismos, para aceptar y querer a nuestros hermanos como son. Esto sólo es posible desde la experiencia de sentirnos amados y redimidos por Cristo gratis, en nuestros pecados. Sabernos amados por Jesucristo cuando nos equivocamos, cuando somos perezosos, cuando somos egoístas, cuando por orgullo no aceptamos una corrección, cuando cometemos la peor maldad que se nos ocurra…Porque el Amor de Dios es inevitable. Este es el quicio de nuestra fe. 

En este tiempo pascual, el libro bíblico que más se proclama en la liturgia es el de los Hechos de los Apóstoles, y una de las cuestiones que siempre resuena en nuestro corazón, es el tema de la fraternidad. 

Cuando una entra en el Monasterio, la entrega y la ofrenda personal es emblemática, el “Solo Dios” del hermano Rafael. Con el correr de los días, pronto la futura monja va intuyendo que el Señor nos ha reunido, como dice la invocación al Espíritu Santo (Epíclesis) de la Plegaria eucarística III, para que: “fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu”. 

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vie

15

mar

2019

Cuaresma 2019

EN AYUDA DE NUESTRA DEBILIDAD

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vie

15

mar

2019

I Viernes de Cuaresma

X Estación, Jesús es despojado de sus vestidos
X Estación, Jesús es despojado de sus vestidos

“Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (Ez 18, 21-28)

El pecado avergüenza, la misericordia divina devuelve la dignidad.

A Jesús lo despojan de sus vestidos, y nos deja su túnica para recuperar nuestra identidad de hijos de Dios.

PENSAMIENTO

Nunca el pecado es mayor que el poder de Dios.

PROPUESTA

Considera que has sido revestido de la naturaleza humana, que asumió Jesús en el seno de María, su Madre.

CUESTIÓN 

¿Te miras con los ojos del Creador, quien te hizo a imagen de su Primogénito?

mar

05

feb

2019

Vivir arraigados en Cristo

Muy queridos en el Señor:

 Iniciamos el mes de febrero en el corazón del Tiempo Ordinario, en este invierno de 2019. Estamos en el momento cotidiano, la hora de vivir “arraigados en Cristo” (Cf. Col 2, 7), como les dijo el Papa Benedicto XVI a los jóvenes en Madrid. Siempre nuestra alma necesita vivir arraigada en Cristo. Hay tiempos como el de Navidad o de Pascua que nos ofrecen alicientes especiales que nos ayudan: la familia o las costumbres populares. Pero ahora estamos en un día normal y en nuestro orden del día, está: el trabajo de casa que nadie hace, estudiar, sacar adelante los proyectos menos llamativos, estar solos… En definitiva, es el tiempo de recorrer con Jesús los caminos de la vida que vivió “pasando por uno de tantos” (Flp 2, 7b): Esperó en la cola el bautismo de Juan, en la sinagoga de Nazaret lo quisieron despeñar, se rindió a los deseos de su Madre y adelantó el inicio de sus grandes manifestaciones en la boda de Caná. Tiempo de dejarnos guiar por el Espíritu, como Él lo hizo: “Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu” (Lc 4, 14a). 

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