XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

TEXTO EVANGÉLICO

“Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?». Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». Contestaron: «Podemos»” (Mc 10, 35-39).

CONSIDERACIÓN

Al leer hoy el Evangelio, cabe asombrarse de la torpeza que manifiestan los discípulos. Justamente cunado Jesús se dirige, en su última subida a Jerusalén, a entregar su vida, los más íntimos del Señor proyectan en ese momento su afán de poder, de honores y de dominio, todo lo contrario de la enseñanza recibida de su Maestro. Y aquí se nos revela la paciencia de Jesús.

En el texto sobresale la pregunta que Jesús les hace a Santiago y a Juan y que cabe personalizar: “¿Qué queréis que haga por vosotros?”, pregunta que nos sitúa en una posible respuesta interesada, egoísta o, al menos, egocéntrica. Y ante la escena que contemplamos, podamos descubrir en nosotros los mismos afanes pretenciosos de los discípulos.

La pregunta no es una cuestión retórica, sino mediación para el discernimiento, para descubrir qué nos mueve en el seguimiento de Jesús, si nos dominan lo que santa Teresa de Jesús llama “puntos de honra”, o el deseo de configurarnos con el Maestro en su ofrenda de amor por todos.

PROPUESTA 

¿Ante la pregunta de Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?”,  ¿qué es lo primero que te ha venido a la mente?