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Santiago Apóstol

EVANGELIO

“Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?» Contestaron: «Podemos». Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos»” (Mt 20, 20-28).

CONSIDERACIÓN

Este año, por caer en domingo el 25 de julio, es año santo compostelano, y por motivo de la pandemia, el papa Francisco, a petición de la Iglesia de Santiago de Compostela, ha ampliado el tiempo jubilar, que se prolongará durante todo el año 2021 y 2022. Más que nunca necesitamos la intercesión del Apóstol para que sigamos las huellas de su Maestro, el Señor Jesús.

El texto evangélico nos puede escandalizar, al comprobar el egoísmo y la especulación en la súplica de la madre de los Zebedeos, al pedir los primeros puestos para sus hijos. En otros relatos, son los mismos discípulos quienes se atreven a pedir al Maestro la derecha y la izquierda en su reino.

La secuencia que se proclama este día no pretende tanto señalar la torpeza de la petición materna, cuanto la profecía que supuso la respuesta de Jesús: “Mi cáliz lo beberéis”. El apóstol Santiago fue el primero de entre los discípulos que sufrió el martirio a manos de Herodes. En la catedral del patriarcado armenio de Jerusalén se venera el lugar de la degollación del Apóstol.

Cómo no hacer referencia a la peregrinación, a la que nos invita y evoca esta fiesta. Por más de 25 años hemos tenido la experiencia del Camino de Santiago. La vida es un peregrinaje, es ir detrás de Jesús y avanzar hacia la meta que Él nos ha preparado. El peregrino sabe que debe despojarse, avanzar ligero, ser solidario, y etapa tras etapa va comprendiendo y saboreando lo que es transitorio y lo que es esencial, hasta llegar al abrazo del Santo, del Señor Santiago.

Todos podemos y debemos ser peregrinos, allá donde estemos, con la sabiduría de caminar, aunque sea despacio, sin rendirnos ni echarnos a la cuneta. El modo de seguir la ruta primitiva y auténtica es avanzar por el Camino que es Jesucristo.