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Jueves Santo

EVANGELIO

Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.” (Jn 13,3-5.13-14).

SANTOS PADRES

Considérese cuánta humildad manifestó, no sólo lavando los pies, sino en otro concepto; porque se levantó, no cuando estaban para sentarse, sino cuando ya todos se habían sentado. Además, no sólo lavó, sino que dejó sus vestiduras, se ciñó con un paño y llenó la jofaina y no mandó que otros la llenaran, sino que por sí hizo todas estas operaciones, enseñando con cuánto cuidado debían hacerse todas estas cosas” (San Juan Crisóstomo). 

CONSIDERACIONES

Observa la figura que toma Jesús al ponerse a los pies de los discípulos. Así lo hizo Abraham cuando fue visitado por Dios, y así también lo hizo la mujer en Betania. El lavatorio es el gesto entrañable de hospitalidad, de humilde servicio y el mayor signo de amor.

Jesús enseña a los suyos cómo deben comportarse entre ellos, en las mutuas relaciones, considerando siempre superior al otro.

El agua de Caná, el agua del lavatorio y el agua del costado de Cristo se corresponden, y nos dejan intuir el significado esponsal del lavatorio de los pies. 

PROPUESTA

¿Qué gesto de servicio ofreces hoy en memoria del mandamiento del amor?