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Levantado en alto

Via Crucis XII, Desierto de las Palmas
Via Crucis XII, Desierto de las Palmas

EVANGELIO

“Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3, 14-17).

SANTOS PADRES

“Si el Señor, tu Dios, te hubiere dicho: "Yo soy la verdad y la vida", tú, deseoso de esta verdad y de esta vida, tendrías razón de decirte a ti mismo: "Gran cosa es la verdad, gran cosa es la vida; ¡si hubiese un camino para llegar a ellas!" ¿Preguntas cuál es el camino? Fíjate que el Señor dice en primer lugar: Yo soy el camino. Antes de decirte a donde, te indica por donde: Yo soy --dice-- el camino ¿El camino hacia dónde? La verdad y la vida. Primero dice por dónde has de ir, luego dónde has de ir. Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida” (San Agustín). 

CONSIDERACIONES

Hoy la Iglesia nos alienta en el camino cuaresmal, al haber rebasado más de la mitad de la cuarentena, y señala la alegría de haber pasado ya el ecuador del tiempo penitencial.

Jesús personaliza el árbol de la Cruz, el estandarte de la serpiente del Éxodo y el camino del desierto, que conduce a la tierra de la promesa. Él es la respuesta total a nuestras búsquedas y necesidades.

Miremos a la Cruz, pongamos los ojos en el Crucificado y en la travesía de la vida “todo se nos hará poco” (Santa Teresa), hasta alcanzar la meta de la salvación.

PROPUESTA  

¿Miras a la Cruz? ¿Te acompañas con la imagen del Crucificado, quien por amor ha dado la vida por ti?