· 

La fuerza de la oración de súplica

EVANGELIO

“Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre. Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!” (Mt 7, 7-11)           

SANTOS PADRES

“Venid a mí todos los que andáis rendidos y agobiados, que yo os daré descanso. ¿Y cómo acogió a los que hicieron caso de esta invitación? Les concedió sin dificultad el perdón de sus pecados, al momento los libró de todo aquello que los agobiaba; el Hijo los santificó, el Espíritu los confirmó, el hombre viejo fue sepultado en el agua bautismal y el hombre nuevo, regenerado, resplandeció por la gracia” (San Asterio de Amasea). 

CONSIDERACIONES

Observa las llamadas a la oración que venimos recibiendo cada día de esta semana. Hoy se nos recuerda la situación extrema de la reina Ester. El salmista reza: “Cuando te invoqué me escuchaste, Señor.”

Son muchos los que en el momento de tocar el límite reaccionan con la oración de súplica o piden que recemos por ellos. La Cuaresma es tiempo propicio para la oración solidaria.

Jesús oró por nosotros cuando invocó a su Padre y le dijo: “No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos” (Jn 17, 20). La oración de Jesús no puede ser estéril.

PROPUESTA

¿Rezas por quienes tienen mayor necesidad, aunque ellos no lo sepan?