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Tiempo de Cuaresma

CONSIDERACIONES

Comienza el tiempo propicio para contemplar el Misterio Pascual, la pasión, muerte y resurrección de Jesús, por el que cabe leer todo acontecimiento con esperanza.

Otros años se nos invitaba a hacer penitencia, a abstenernos de alimentos, de comunicaciones y de toda dependencia. Este año la pandemia nos impone el confinamiento, las relaciones discretas y en muchos casos, la soledad personal. Y como reacción comprensible se adueñan de nosotros la tristeza, la melancolía, la introversión, la desesperanza, y hasta la rebeldía.

Si en situaciones normales, de manera espontánea y generosa, cabría hacer un proyecto cuaresmal de abstención de alimentos, de sacrificio y de oración; de lectura espiritual y de solidaridad, en esta Cuaresma se nos llama a entregar de buen grado, no tanto aquello que cabe ofrecer voluntariamente, cuanto aquello que se nos pide. Es más generosidad dar lo que se te pide que regalar lo que se te ocurre. “Obedecer vale más que la grasa de carneros…” 

No podemos desviar la mirada en este tiempo especial. La Cuaresma no tiene un sentido negativo, sino Pascual. La Cruz, el sacrificio, el ayuno y las obras de misericordia se colman de sentido desde Cristo muerto y resucitado. Si se pierde esta referencia, la Cuaresma se reduce a ascetismo y a proyecto físico higiénico al controlar la comida y las comunicaciones.

Se nos llama a una renovación interior, a la conversión del corazón, a trascender la realidad, a la relación teologal, a sacramentalizar la limosna, a iluminar el desierto con la experiencia íntima del amor de Dios y a reinterpretar todo acontecimiento con la luz pascual. 

Quizá no hace falta invitarte a entrar en tu cuarto por la covid porque ya estás confinado en tu casa. Si es así, reconvierte tu estancia en santuario; si puedes, ordena el día con momentos explícitos de oración, de lectura de la Biblia, y hasta cabe que cada día llames a alguien de quien sepas que está solo y en dificultad.

Más que nunca se nos brinda la espiritualidad del desierto, y quienes la viven nos aseguran que cabe encontrar en lo más profundo del corazón el manantial de agua viva al saberse habitado en el hondón del ser por la presencia divina.