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V Domino del Tiempo Ordinario

LECTURAS

(Job 7, 1-4.6-7; “Alaban al Señor, que sana los corazones destrozados”; 1Cor 9, 16-19.22-23; Mc 1, 29-39)

EVANGELIO

“Al salir ellos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca». Él les responde: «Vámonos a otra parte».” (Mc 1, 29-38).

CONSIDERACIONES

El texto evangélico nos ofrece la enseñanza de cómo distribuir el tiempo de una jornada según los distintos espacios que se citan: sinagoga, casa, a la puerta, lugar solitario; y según los momentos: a la mañana, durante el día, al atardecer, al alba. Esta referencia se convierte en luz para tiempos de confinamiento.

Observamos que Pedro y Andrés no debieron de estar en la sinagoga ni celebrar el Sabbat. ¿Quizá estaban pescando o cuidando a su suegra? Sin embargo, Jesús se hospeda en su casa.

Jesús da la mano a la suegra de Simón, que estaba enferma, y la cura. Son muchos los textos del Evangelio en los que aparece el Señor extendiendo la mano para curar. En estos tiempos de pandemia, sin ser imprudentes, deberemos estar atentos y cercanos. ¡Que no nos pueda el aislamiento del corazón!

Jesús asiste a la reunión comunitaria; vive en familia; ejerce la misión de curar y de evangelizar; dedica tiempo a la oración íntima y personal, referencia magistral a la hora de programar nuestra jornada o agenda.

Cuando uno es agraciado por el paso del Señor se convierte en discípulo, en servidor, como le ocurrió a suegra de Pedro.

Jesús nos enseña a saber hacer el bien y a no detenernos en la complacencia del bien hecho, a actuar con generosidad y gratuidad.

El Maestro es itinerante, a la vez que sabe detenerse ante los problemas y situaciones personales.