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Cuarto Jueves de Adviento, Nochebuena

TEXTO EVANGÉLICO

“Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, | para guiar nuestros pasos por el camino de la paz»” (Lc 1, 78-79). 

CONCURRENCIAS

“Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; | el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre” (Jn 1, 6-12). 

“Jesús les habló de nuevo diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida»” (Jn 8, 12).

RESONANCIAS

Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia.” Todos los hombres están llamados a esta unión con Cristo, luz del mundo, de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos” (LG 1. 3).

“Los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento y la Tradición venerable manifiestan de un modo cada vez más claro la función de la Madre del Salvador en la economía de la salvación. Estos primeros documentos, tal como se leen en la Iglesia y tal como se interpretan a la luz de una revelación ulterior y plena, evidencian poco a poco, de una forma cada vez más clara, la figura de la mujer Madre del Redentor. Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, que se llamará Emmanuel” (LG 55).

CONTEMPLACIÓN

No hay tiempo que perder, preparemos nuestras lámparas, salgamos colmados de nuestros mejores deseos a recibir a Aquel que viene a iluminar nuestras tinieblas. No somos hijos de la noche, sino del día, actuemos como en pleno día, pues esta noche tiene lugar el cántico: ¡Qué noche tan dichosa en que se une la tierra con el cielo, el cielo con la tierra!