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Cuarto Martes de Adviento

TEXTO EVANGÉLICO

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador porque ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación” (Lc 1, 46-50).

CONCURRENCIAS

Ana oró, diciendo: «Mi corazón se regocija en el Señor, mi poder se exalta por Dios. Mi boca se ríe de mis enemigos, porque gozo con tu salvación. No hay santo como el Señor, ni otro fuera de ti, ni roca como nuestro Dios» (1 Sam 2, 1-2). 

«Tú eres la gloria de Jerusalén, tú eres el orgullo de Israel, tú eres el honor de nuestro pueblo. Lo has hecho todo con tu mano. Has devuelto la dicha a Israel, y Dios se muestra complacido. La bendición del Señor todopoderoso | te acompañe por todos los siglos» (Jdt 15, 9-10).

RESONANCIAS

“Hoy, al inicio del vigésimo quinto año de servicio como Sucesor de Pedro, quiero hacer lo mismo. Cuántas gracias he recibido de la Santísima Virgen a través del Rosario en estos años: ¡Magnificat anima mea Dominum! Deseo elevar mi agradecimiento al Señor con las palabras de su Madre Santísima, bajo cuya     protección he puesto mi ministerio petrino: ¡Totus tuus! Octubre 2002 - Octubre 2003: Año del Rosario” (Juan Pablo II, RVM 2).

“La primera parte del Ave Maria, tomada de las palabras dirigidas a María por el ángel Gabriel y por santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. Expresan, por así decir, la admiración del cielo y de la tierra y, en cierto sentido, dejan entrever la complacencia de Dios mismo al ver su obra maestra: la Encarnación del Hijo en el seno virginal de María,      análogamente a la mirada de aprobación del Génesis (cf. Gn 1, 31). Repetir en el Rosario el Ave Maria nos acerca a la complacencia de Dios: es júbilo, asombro, reconocimiento del milagro más grande de la historia. Es el cumplimiento de la profecía de María: «Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada» (Lc1, 48). (RVM 33).

CONTEMPLACIÓN  

La Iglesia canta cada tarde el Magnificat, y los fieles repiten constantemente el saludo de Isabel a su prima María. Nosotros, en vísperas de la Navidad, nos unimos a todas las generaciones y entonamos la acción de gracias a Dios por el misterio de la Encarnación y por el derroche de su misericordia en nosotros.