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Cuarto Lunes de Adviento

TEXTO EVANGÉLICO

“En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá»” (Lc 1, 39-45).

CONCURRENCIAS

“Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado». Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos (Mt 28, 6-8). 

Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos” (Lc 14, 21).

Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento” (Lc 19, 5-6).

RESONANCIAS

María, llevando en su seno a Jesús recién concebido, va a casa de su anciana prima Isabel. Es una muchacha joven, pero no tiene miedo, porque Dios está con ella, dentro de ella. En cierto modo, podemos decir que su viaje fue -queremos recalcarlo en este Año de la Eucaristía- la primera "procesión eucarística" de la historia. María, sagrario vivo del Dios encarnado, es el Arca de la alianza, en la que el Señor visitó y redimió a su pueblo” (Benedicto XVI, discurso, 31 de mayo 2005).

“El Evangelio nos dice que, después del anuncio del Ángel, ella fue deprisa, no perdió tiempo, fue enseguida a servir. Es la Virgen de la prontitud, la Virgen de la prontitud. En seguida está lista a venir en nuestra ayuda cuando la rezamos, cuando nosotros pedimos su ayuda, su protección a nuestro favor. En tantos momentos de la vida en los que necesitamos su ayuda, de su protección, recordamos que ella no se hace esperar: es la Virgen de la prontitud, va enseguida a servir” (Francisco, 31 de mayo 2014).

CONTEMPLACIÓN 

Es tiempo de visitas y de acogida, aunque quizá la pandemia impida hacerlo este año. En su Regla, San Benito manda acoger al huésped como al mismo Cristo en persona. Nunca será mejor recibido el huésped si lo hacemos como mediadores de Cristo.