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Tercer Viernes de Adviento

TEXTO EVANGÉLICO

“«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer.” (Lc 1, 23-24)

CONCURRENCIAS

“El Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho eso, maldita tú | entre todo el ganado y todas las fieras del campo; | te arrastrarás sobre el vientre | y comerás polvo toda tu vida; | pongo hostilidad entre ti y la mujer, | entre tu descendencia y su descendencia; | esta te aplastará la cabeza | cuando tú la hieras en el talón». (Gn 3, 14-15)

“Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel.” (Is 7, 13-14)

RESONANCIAS

Abre, Virgen dichosa, el corazón a la fe, los labios al consentimiento, las castas entrañas al Criador. Mira que el deseado de todas las gentes está llamando a tu puerta. Si te demoras en abrirle, pasará adelante, y después volverás con dolor a buscar al amado de tu alma. Levántate, corre, abre. Levántate por la fe, corre por la devoción, abre por el consentimiento. Aquí está –dice la Virgen- la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.” (San Bernardo) 

“Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su « sí » abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios se hizo carne, se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14)?” (Benedicto XVI, Spe Salvi 49)

“Toda la existencia de María es un himno a la vida, un himno de amor a la vida: ha generado a Jesús en la carne y ha acompañado el nacimiento de la Iglesia en el Calvario y en el Cenáculo.” (Francisco)

CONTEMPLACIÓN  

Hoy se venera a la Virgen de la Esperanza, y se contempla a quien lleva en su seno al Verbo encarnado. María da a Dios la túnica con la que toma nuestra naturaleza humana, y por este don, todos los humanos quedamos revestidos de la humanidad de Cristo, razón de nuestra mayor esperanza, al sabernos por este misterio hermanos del Hijo de María.