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Tercer Lunes de Adviento

TEXTO EVANGÉLICO

“Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»” (Mt 21, 23).

CONCURRENCIA

“Jesús entra en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas. «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad” (Mc 1, 21-22. 27). 

“Jesús les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate, coge la camilla y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados —dice al paralítico— “Te digo: levántate, coge tu camilla y vete a tu casa”» (Mc 2, 8-11).

RESONANCIAS

“Es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. Que constituiste a tu único Hijo pontífice de la alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo. Él no solo confiere el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, elige a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de manos, participen de su sagrada misión” (Prefacio II Ordenación).

Jesús da a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados. ¿Pero cómo es esto? Porque es un poco difícil entender como un hombre puede perdonar los pecados. Jesús da el poder. La Iglesia es depositaria del poder de las llaves: para abrir, cerrar, para perdonar. Dios perdona a cada hombre en su misericordia soberana, pero Él mismo quiso que los que pertenezcan a Cristo y a su Iglesia, reciban el perdón a través de los ministros de la Comunidad” (Francisco, Audiencia, 20-XI-2013).

CONTEMPLACIÓN  

El tiempo de Adviento nos abre a la reconciliación y a la misericordia, que Jesús nos ofrece como tesoro de Pascua. Él tiene poder para perdonar, para restablecer los matrimonios rotos y para unir a las familias. Jesús viene como príncipe de la paz, y en este tiempo nos invita a que nos dispongamos con las actitudes necesarias para la convivencia. Quien perdona de corazón a su hermano se convierte en testigo del poder divino.