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Segundo Jueves de Adviento

TEXTO EVANGÉLICO

“En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él” (Mt 11, 11).

CONCURRENCIAS

“«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien” (Mt 11, 25-26).

“Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños” (Mt 18, 14).

Le llevaban también los niños pequeños para que los tocara, pero, al verlo los discípulos, los regañaban. En cambio, Jesús hizo que se los acercaran, diciendo: «Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo, el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Lc 18, 15-17).

RESONANCIAS

“Desde hacía algún tiempo, me había ofrecido al Niño Jesús para ser su juguetito. Le había dicho que no me tratase como a uno de esos juguetes caros que los niños se contentan con mirar sin atreverse a tocarlos, sino como a una pelotita sin valor que pudiera tirar al suelo, o golpear con el pie, o agujerear, o dejarla en un rincón, o bien, si le apetecía, estrecharla contra su corazón. En una palabra, quería divertir al Niño Jesús, agradarle, entregarme a sus caprichos infantiles... Y él había escuchado mi oración...”

“Por la tarde de aquel radiante día de fiesta, que yo pasé llorando, fui a visitar a las carmelitas. Me llevé una gran sorpresa cuando, al abrir la reja, vi un precioso Niño Jesús que tenía en la mano una pelota en la que estaba escrito mi nombre” (Santa Teresa del Niño Jesús, Historia de un Alma).

CONTEMPLACIÓN

El Adviento es tiempo para renacer, tiempo nuevo en el que volver a las vivencias espirituales guardadas en la memoria, aquellas que desde niños pudimos tener de manera limpia y gozosa. Un amigo mío dice que todos llevamos un niño dentro al que nadie puede matar. Quienes llaman a Dios “papá” gustan el don de echarse en sus manos, confiados.