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Primer Viernes de Adviento

TEXTO EVANGÉLICO

Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: «¿Creéis que puedo hacerlo?»?4 Contestaron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que os suceda conforme a vuestra fe». Y se les abrieron los ojos (Mt 9, 28-30).

CONCURRENCIAS

“«¿Qué quieres que te haga?» El ciego le contestó: «Rabbuni, que recobre la vista».  Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha salvado». Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino (Mc 10, 51-52).

Lámpara es tu palabra para mis pasos, | luz en mi sendero; (Sal 118, 125) “Señor, tú eres mi lámpara; | Dios mío, tú alumbras mis tinieblas. Fiado en ti, me meto en la refriega, | fiado en mi Dios, asalto la muralla”

(Sal 17, 29-30).

RESONANCIAS

La luz de la fe: la tradición de la Iglesia ha indicado con esta expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: «Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas» (Jn 12,46). También san Pablo se expresa en los mismos términos: «Pues el Dios que dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones» (2 Co 4,6)” (FR 1).

Vea quién quisiere rosas y jazmines,

que si yo te viere, veré mil jardines,

flor de serafines; Jesús Nazareno,

véante mis ojos, muérame yo luego.

No quiero contento, mi Jesús ausente,

que todo es tormento a quien esto siente;

sólo me sustente su amor y deseo;

Véante mis ojos, dulce Jesús bueno;

véante mis ojos, muérame yo luego (Santa Teresa).

CONTEMPLACIÓN 

Hay muchas formas de ver. En Adviento se nos invita a ver con los ojos perfectos: “Oráculo del hombre de ojos perfectos; oráculo del que escucha palabras de Dios, | que contempla visiones del Poderoso, | que cae y se le abren los ojos: ¡Qué bellas tus tiendas, oh Jacob, | y tus moradas, Israel!” (Núm 24, 3-5). Se trata de creer, ver con fe, descubrir el sentido trascendente de la realidad e interpretar la historia desde la mirada de Dios. El icono de Rupnik representa a la oveja que, sobre el hombro del Buen Pastor, ve por los ojos del Señor.