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Primer Jueves de Adviento

TEXTO EVANGÉLICO

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca (Mt 7, 24-25).

CONCURRENCIAS 

“Los que temen al Señor confían en el Señor: él es su auxilio y su escudo (Sal 113B, 11). “Los que confían en el Señor son como el monte Sión: no tiembla, está asentado para siempre” (Sal 124, 1).

“Aunque atenten contra la vida del justo y condenen a muerte al inocente, el Señor será mi alcázar, Dios será mi roca de refugio (Sal 93, 21-22).

RESONANCIAS

“Siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino suya,  y no la deja hundirse. Es Él quien la conduce, por supuesto, a través de los hombres que ha elegido. Esta es una certeza que nada puede ofuscar y es por ello que mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios” (Benedicto XVI, 27 de febrero de 2013).

“Y para hacer muchos monasterios de pobreza sin renta, nunca me falta corazón y confianza, con certidumbre que no les ha Dios de faltar. Y para hacerlos de renta y con poca, todo me falta” (Santa Teresa, Fundaciones 20, 13).

CONTEMPLACIÓN 

El tiempo de Adviento es tiempo de confianza, y si cabe, aún lo es más este año de pandemia y de confinamiento, cuando puede acosarnos la duda, la melancolía, la tormenta de la desestabilización social. Más allá de lo que acontece cada día, sabemos que el Señor conduce la historia.