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XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

“Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos lab­radores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon” (Mt 21, 33-35).

COMENTARIO

Coincide este domingo con el 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, quien nos invita a contemplar la naturaleza, a respetarla, y a colaborar con el Creador para hacerla habitable, productiva, sostenible, mesa que abastezca a la humanidad, soto y recreo para quienes necesitamos el espacio verde de la oración contemplativa.

¡Qué bien suena la primera parte del relato profético!: “Voy a cantar a mi amigo el canto de mi amado por su viña. Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar” (Is 5, 1-2). 

Desde la resonancia del cántico del profeta y del “Cántico las Criaturas” que entonó el poverello de Asís, sentimos con el papa Francisco la urgencia de respetar el medio ambiente, y de usar con responsabilidad, como buenos administradores los recursos naturales. 

Frente a la llamada de san Francisco, la profecía y el Evangelio denuncian la posibilidad de maltratar la viña del Señor por afanes egoístas, dominadores, violentos, usureros y hasta criminales. Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones”.

Cabe que interpretemos la parábola como dirigida a otros, pero cada uno deberemos examinarnos si nosotros mismos nos comportamos con los dones recibidos como buenos administradores, respetuosos y agradecidos, o por el contrario, nos creemos dueños absolutos y actuamos a nuestro antojo.

La imagen de la viña no solo se refiere a la naturaleza, sino sobre todo al pueblo escogido por Dios, en definitiva a la humanidad, y si se impone el tratamiento ecológico sobre el mundo vegetal, mineral y animal, cuánto más debemos ser sensibles con nuestros semejantes.

Hay noticias que nos desconciertan al observar más sensibilidad con las cosas que con las personas, más afán por abanderar los derechos de un paisaje, que por la vida de quienes viven en su medio. Es bueno ser sensible y respetuoso con la naturaleza. Dios puso en medio del jardín al ser humano. 

El profeta y el salmista aplican la imagen de la vida al pueblo de Dios: “La viña del Señor del universo es la casa de Israel | y los hombres de Judá su plantel preferido. | Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada; | esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.” (Is 5, 7) Somos invitados a trabajar de manera responsable en la viña del Señor.