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XXII Domingo del Tiempo Ordinario

EVANGELIO

“Comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho… Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de  mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Mt 16, 21-24).

COMENTARIO

«¡Ponte detrás de mí, Satanás!» El tentador nunca va delante del Señor. Quien nos precede y nos guía es Jesucristo. El discípulo se atrevió a reconvenir al Maestro, quien lo mandó a ponerse detrás.

 

Jesús sube por delante a Jerusalén a dar la vida, y va también por delante a Galilea, resucitado. Quien quiera ser seguidor del Nazareno no debe inventarse el camino, Él es el camino, y el que desee alcanzar la meta no tiene otro itinerario que el escogido por Jesús, cargado con la cruz.

El Nazareno, camino del Calvario, va por delate. El cirineo lo sigue detrás. Según san Pablo, Cristo es imagen del Dios invisible, | primogénito de toda criatura. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, | y así es el primero en todo.

El secreto del discípulo fiel es ir detrás de su Maestro, tras las huellas de sus pisadas, es seguirlo de cerca, poniendo los ojos en Él, sin perderlo de vista. Jesús es  guía y camino; compañero y meta, Pastor y Cordero.

Quien sigue al Señor, no se pierde, ni se engaña. Él conduce a verdes praderas, a la mesa del banquete. Al discípulo, que es llamado a seguir detrás de Jesús, no se le lleva a la muerte, sino a la vida. Quien anuncia su propia muerte a manos de las autoridades, anuncia también su resurrección.

En la travesía de la vida es distinto ir camino a través, que avanzar por un sendero seguro, guiado, defendido y acompañado. La invitación que nos hace el Señor no es la de ser francotiradores, sino a seguirlo, y donde Él está, estará también el discípulo. 

¡Caminemos a la luz del Señor!