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XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

EVANGELIO

Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras” (Mt 14, 13-21).

COMENTARIO

Como se hizo tarde”. El texto evangélico fija la escena al atardecer. No es indiferente la hora en la que se enmarca el signo de Jesús de multiplicar los panes y peces. El libro del Éxodo también se refiere a esta hora cuando dice: Por la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento” (Ex 16, 13). Jesús celebra la última cena con los suyos al atardecer. Los dos discípulos de Emaús argumentaron a quien les acompañaba por el camino, sin reconocerlo: “«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron” (Lc 24, 29-31). Estas concordancias nos ayudan a interpretar el pasaje evangélico en clave eucarística.

En despoblado”. Si la hora en la que acontece el signo de Jesús concuerda con el momento de la última cena, el lugar nos remite también al espacio asistido por la acción pródiga de Dios. En el desierto Dios proveyó a su pueblo con el maná. Y Jesús reivindica esta provisión cuando responde a los fariseos: “Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”. Jesús les replicó: «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo” (Jn 6, 31-32). Y Él mismo se ofrece como “Pan de vida”.

“Alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos.” Si traemos a la memoria la tradición paulina sobre la Cena del Señor -“El Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía» (1Co 11, 23-24)-, comprenderemos de nuevo la intención del autor sagrado, al describir la multiplicación de panes en concordancia con la cena pascual.

Ante estas concurrencias, el pan que Jesús nos ofrece para sustentarnos en estos tiempos de tanta intemperie es el sacramento de la Eucaristía, que a su vez se convierte en llamada para compartir los bienes, y ser solidarios con los que menos tienen o incluso pasan hambre: “Dadles vosotros de comer”.