· 

El ministerio eucarístico

Jesucristo:

Me has hecho panadero del pan del cielo,

Hacedor del misterio sagrado, santo,

No alcanzo a comprender que mi palabra

Sea necesaria para que Tú te hagas presencia

Donación, entrega, amor y desposorio.

Y presto mis manos y mi voz, sobrepasado

Sabiéndome instrumento inmerecido

De oficio tan sagrado y artesano

Mediación para tantos de consuelo,

De quien ya no soy yo el entregado.

Debo prestar mi fe a mis palabras,

Que aunque yo las digo, me superan.

¡Obediencia recibida y trascendida

Por el fruto inalcanzable, pues no hay causa

del efecto que sucede, aun sin verlo.

¿Cómo es posible que de una voz humana

Sobre materia tan familiar y humilde

Nazca quien es el dador de vida

El Creador del universo, la Palabra hecha carne

Realidad invisible, divinizada?

Si no me atrevo a pronunciarte

te impido la ofrenda redentora.

Si te pronuncio inconsciente, Tú me suples.

Si presto fe a lo que digo, me estremezco.

Y si adoro tu presencia entre mis manos, me enamoro.

Eucaristía, pan de vida sobre lienzos blancos

Pañales reales, sábanas nupciales,

Belén y Calvario, al mismo tiempo,

Mientras Dios mismo se extasía

Al contemplar ofrenda tan hermosa

No puedo renunciar a tal oficio

De hacerte sacrificio y luz del alba.

Mas sé Tú quien expropie mis palabras,

Y yo quede de rodillas, y si quieres

Sentado junto a ti en mesa de invitado.

Pues eres Tú el único que puede

Convertir la hogaza en pan de vida.

Solo Tú quien transformes lo visible

En presencia del misterio anonadado.

Tú, el artesano panadero, y yo solo tus manos.

                                                  Corpus, 2020