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Un don: Fortaleza

“Señor, mi fuerza y fortaleza, mi refugio cuando llega el peligro” (Jr 16, 19). “Si alguien ama la justicia, las virtudes son fruto de sus afanes, pues ella enseña templanza y prudencia, justicia y fortaleza: para los hombres no hay nada en la vida más útil que esto” (Sb 8, 7). A ti, Dios de mis padres, yo te doy gracias y alabo, porque me has otorgado sabiduría y fortaleza” (Dn 2, 23).

Por esta razón te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza (2Tm 1, 6-7).

UNA DESTREZA

Dicen que Miguel Ángel no veía bloques de mármol, sino la imagen que contenía el megalito. Esculpir la piedra implica un diálogo entre el artista y la materia, pero no solo valoramos a quien logra ofrecer obras maestras, extraídas del mármol o del granito, también descubrimos artesanía en tantos albañiles y canteros, que trabajan con verdadera vocación e imprimen en sus obras el sello de calidad de su entrega. ¡Cuántos edificios nobles, catedrales y palacios cuyas piedras llevan la firma de quien las labró y ha quedado anónimo!

UNA EXPERIENCIA

«Mira, te mostraré a la novia, la esposa del Cordero». Y me llevó en Espíritu a un monte grande y elevado, y me mostró la ciudad santa de Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, y tenía la gloria de Dios; su resplandor era semejante a una piedra muy preciosa, como piedra de jaspe cristalino. Y los cimientos de la muralla de la ciudad están adornados con toda clase de piedras preciosas. Y las doce puertas son doce perlas, cada una de las puertas hecha de una sola perla. (Ap 21, 9-11. 19-21) Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí, porque yo no atinaba a cosa que decir ni cómo comenzar a cumplir esta obediencia, se me ofreció lo que ahora diré, para comenzar con algún fundamento: que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas” (Santa Teresa, Moradas I, 1)

UNA SÚPLICA

Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra frágil carne. Danos el don de Fortaleza. 

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.