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El Defensor

“Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”.  Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito (el Defensor). En cambio, si me voy, os lo enviaré (Jn 16, 5-7).

 

INVOCACIÓN

Espíritu Santo, Defensor prometido por el Resucitado, en este tiempo de pandemia:

Defiéndenos de desesperanzas, miedos, cobardías y temores, que nos acechan interiormente y nos sumergen en el pesimismo.

Defiéndenos de nuestras tristezas, melancolías, desánimos y pesimismo que nos paralizan.

Defiéndenos de nuestras inconsciencias insolidarias, de nuestra irritabilidad por el confinamiento y de nuestro mal humor por las noticias adversas y manipuladas.

Defiéndenos de nuestro egoísmo, orgullo, prepotencia, vanidad y protagonismo, que nos impide la dimensión comunitaria y la relación social justa.

Defiéndenos de nuestros ensimismamientos, introversiones, dogmatismos ideológicos, que nos hacen refractarios a la verdad.

Defiéndenos de toda maledicencia, negatividad, crítica, comentario corrosivo, y sobre todo de la mentira, que infecta la connivencia.

Defiéndenos de toda violencia, rencores y venganza que aborten el amor, el perdón y la comunión.

Defiéndenos del mal y de las insinuaciones del Malo, del pecado y de las malas inclinaciones que nos conducen a la increencia evasiva.

Defiéndenos de la apatía, del pacto con la mediocridad y del entreguismo pasivo. 

Defiéndenos de nosotros mismos, que no quedemos encerrados por falsa seguridad, y haznos sensibles a la belleza, al bien hacer, a la creatividad bondadosa, al amor; ábrenos a los demás.