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Diálogos con el Resucitado

“Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros” (Jn 20, 19. 21).

PAZ A VOSOTROS

Palabra contraseña, y sin embargo, los tuyos se asustaron, y volviste a repetir el saludo para afianzarlos en la certeza de tu presencia. Nadie más que Tú sabía la clave para despertar en ellos la fe en ti.

Tus palabras no les dejan ensimismados, sino que son envío misionero: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 18-20).

¡Cómo necesitamos recordar tu promesa! ¡Cómo nos ayuda, en este tiempo de confinamiento, la certeza de que nos acompañas! Estamos como los tuyos, encerrados en el cenáculo, y tu palabra nos augura que saldremos con fuerza para anunciar lo que permanece, tu Evangelio.

Nos invitas a bautizar, a que el hombre se trasplante del desierto a la ribera; del páramo, a la acequia y goce del agua regeneradora de tu gracia, y de la conciencia de su identidad de hijo.

Nos envías a anunciar tu enseñanza, la que libera de sucumbir en este presentismo que nos acosa y quiere secuestrarnos. Tú no cedes ante el encerramiento de los tuyos, y en las palabras que les diriges, nos profetizas caminos anchurosos, sin fronteras.

No esperas a que los tuyos te respondieran resistentes, ni a que pusieran objeción ante el peligro político que les rodeaba Seguro que en el envío les diste la fuerza, y a nosotros no nos faltará la paz, si te obedecemos.

PROPUESTA 

¿Qué puede más en ti, el encerramiento, o el deseo del anuncio del Evangelio?