· 

Regalo de primavera

Pasos perdidos, anónimos, florecidos. Estela de salmodias esparcidas, sin medida. Es privilegio hablar con la foresta,

y pasear entre chozones carboneros.

Se cierne la tormenta, la amenaza

de lluvias, granizo, rayos, vendavales, mas es mayor el deseo de aire puro, de sentir en la piel el viento fresco.

Anda uno clandestino, pudoroso, en tiempos confinados, en clausura. Y siente el privilegio de estar solo, compañero de riscos y enebrales.

Y reza el corazón, ya sin cuentas,

sin saber si llega el pensamiento amable. Más lo lanza al horizonte, aunque oscuro, y logra comunión aun sin presencia.

Es un sentimiento extraño, novedoso, poder hacer caminos renovados,

los mismos que de joven recorría, no obstante la edad bien remecida.

Se puede recobrar el sí primero, y comprobar la forma de cruzar

los días, leídos, orantes, artesanos, jardineros, peregrinos, como antaño.

Se descubre la fuerza retenida

en la memoria del desierto joven. Ahora se comprende la razón,

de aquellas jornadas solitarias.

Como entonces, pienso, escribo, rezo, comento la Palabra, me recreo en los tonos verdes del ciprés,

del olmo, del boj, y del brezo.

Y me extasío ante la flor del manzano, del membrillo, del guindo y del espino.

¿Cómo poder decir que existe el cielo,

la bondad del Creador hecha hermosura?

Y te brindo este paisaje amigo, no por provocar en ti nostalgias, sino en comunión de deseos.

Hoy el arco iris es presentimiento.