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Los testigos de la Pascua. El olfato

“Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger». Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado” (Jn 21, 10-13).

Sorprendentemente, en las distintas narraciones pascuales, Jesús se aparece en un contexto relacionado con la comida: a los Once, cuando estaban a la mesa (Mc 16, 14); en el momento de cenar con los dos de Emaús: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron (Lc 24, 29-31). Y en la orilla del Lago de Galilea, donde se ve al Señor de cocinero: “Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan” (Jn 21, 9).

El gusto se insinúa en varias escenas de Pascua: cuando Jesús les pide de comer a los discípulos -«¿Tenéis ahí algo de comer?»- (Lc 24, 41), o cuando el Señor les invita a comer: «Vamos, almorzad» (Jn 21, 12). Es muy significativa la escena en la que los dos de Emaús reconocen al Resucitado al partir el pan (Lc 24, 30-31). En otro momento es Él quien pregunta: “¿Tenéis pescado?” (Jn 21, 5).

Si observamos estas escenas, sorprende que cuando Jesús les pregunta a los discípulos encerrados en el cenáculo, si tienen algo de comer, le ofrezcan un trozo de pescado asado; y en cambio, cuando Simón Pedro con seis compañeros se van a pescar, y Jesús les pregunta si tienen pescado, la respuesta es negativa.

¿Qué puede significar que mientras están en el cenáculo tengan provisión de alimentos, y en cambio, cuando se han marchado decepcionados a reemprender sus tareas, y están agotados después de una noche entera bregando, se encuentren sin pesca? No sé si es una observación insignificante, pero podríamos interpretar que, mientras se permanece en el cenáculo, lugar de comunión, hay sustento; y cuando los discípulos, decepcionados, deciden marcharse para volver a su antiguo oficio, se quedan en la mayor intemperie, sin reservas.

La Cena Pascual perdura. “Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Co 11, 26).

PROPUESTA 

¿Sientes necesidad de participar en la Mesa del Señor? ¿Eres generoso con tus bienes?