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Iconos de Pascua: Galilea

“No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea” (Lc 24, 6). “Id a decir a sus discípulos y a Pedro: “Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”».” (Mc 16, 6) No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».” (Mt 28, 10) Después de esto Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades” (Jn 21, 1).

Si consultamos los Evangelios, siempre iluminan las concurrencias que se dan entre los distintos textos. Sin embargo, pocas veces sucede una total concordancia en todos los relatos, como acontece con la referencia a Galilea en los cuatros evangelios en las escenas de Pascua.

Situar la experiencia pascual en Galilea, no se puede reducir a un mero lugar geográfico. Como afirman los estudiosos de la Biblia, hay que interpretarla como la invitación a volver a un lugar teológico. Desde esta dimensión nos podemos preguntar: ¿Qué significa Galilea, y por qué Jesús resucitado se deja experimentar en ese espacio?

¿Quién no tiene nostalgia, estos días, de poder ir a la ribera del mar o al acantilado? ¿Quién no añora el espacio abierto y sonoro de las aguas rizadas o levantadas del Lago de Galilea? Sin duda que imaginar la escena ya distiende, pero el texto no puede servirnos únicamente para suscitar nostalgia o para estimular la imaginación.

Cada vez que escucho estas palabras del Resucitado: “Volved a Galilea, que allí me veréis”, me viene a la memoria una de las experiencias personales más estremecedoras que me han sucedido en la lectura de los Evangelios.

En un primer momento, interpretaba que volver a Galilea era pedagogía del Maestro, para aliviar a los suyos sacándolos de Jerusalén, y así, al volver al lugar de la primera llamada, reavivaran el sentimiento afectivo que les movió al seguimiento generoso. Yo pensaba que de alguna forma era una llamada a recordar los momentos afectivos en mi historia de fe personal.

Así me acompañé por mucho tiempo, interpretando que el Resucitado nos invitaba a volver al amor primero, joven, cuando se siente por primera vez la llamada, o a los momentos de consolación. Y me apoyaba en el texto del vidente del Apocalipsis, que dirigiéndose a la iglesia de Éfeso, le llamaba la atención por haber olvidado “el amor primero”.

Y un día, de pronto, comprendí y sentí, que en verdad me estaba olvidando del amor primero, porque no era el amor que yo puede sentir de niño o de joven hacia Jesús, y de Jesús por mí. El amor primero es el que Dios me tiene, el amor fundante. Y me sobrecogí al traer a la memoria el pasaje del profeta: “Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré” (Jr 1, 5). Y no pude resistir la emoción. Volver a Galilea es volver al amor de Dios, al amor que nos da la existencia, y si lo haces, te descubrirás con la experiencia pascual más sobrecogedora.

PROPUESTA 

¿Te sientes amado de Dios? ¿Cuál es tu Galilea?