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Hoy es Pascua

Cuentan que una vez, dos monjes jóvenes acudieron a visitar al abad san Benito, ya muy anciano, y el saludo fue: “¡Padre, hoy es Pascua!”, a lo que respondió el santo: “Si, hijos míos, hoy es Pascua porque habéis venido”.

Esta mañana, aparentemente todo sigue igual, quizá permanecemos como los discípulos, encerrados por miedo al contagio, defendiéndonos del peligro que nos acosa, o como aquellos que se marcharon desilusionados. Y sin embargo, podemos saludarnos con las palabras más transformadoras: ¡Aleluya, Cristo ha resucitado! ¡En verdad ha resucitado!

Y según la interpretación que dio san Benito al saludo de los dos jóvenes monjes, podríamos sumar razones por las que hoy es Pascua. Sin duda, por el hecho raíz de que Cristo ha vencido a la muerte, y porque por esta noticia, y aunque no la sepan, muchos ponen amor en la vida.

Los dos jóvenes monjes sintieron el deseo de visitar al abad anciano. Hoy somos muchos los que nos intercambiamos los mejores deseos, porque creemos que la muerte no puede más que la vida; el egoísmo no podrá a la entrega generosa; la trascendencia iluminará los acontecimientos; la donación voluntaria y arriesgada superará a los miedos…

Hoy es Pascua, porque los montes se han vestido de belleza por la bendición de la lluvia copiosa, y los manantiales irrumpen alegres en las dehesas. Hoy es Pascua, porque en el silencio de los monasterios se canta el aleluya y se celebra el acontecimiento que da razón a la fe cristiana. Hoy es Pascua porque en muchas familias se ha encendido una luz que rompe la oscuridad de la desesperanza…

Cómo no sentir el paso del Señor en tantos que permanecen en los hospitales, entregando de manera arriesgada su vida, y cómo no interpretar que la Pascua llega a quienes pasan de este mundo, porque les espera la vida, según la fe cristiana.

No me quiero engañar a mí mismo, la actitud natural de los discípulos fue defenderse de la noticia que les comunicaron las mujeres. Hoy nos puede acosar no solo la pandemia del virus, sino sobre todo el miedo, el escepticismo, la desesperanza, la reacción crítica, la actitud hipersensible, la reacción nerviosa y hasta violenta. Pero más allá de nuestras percepciones psicológicas, más allá de las estadísticas y de las proyecciones hipotéticas, hoy es Pascua porque el Crucificado, el insultado, el que era tenido por leproso, ha resucitado y ha dado al sufrimiento y a la muerte un sentido esperanzador. 

Hoy es Pascua, porque en el fondo del ser, que es el cenáculo personal, cabe sentir: “Paz a vosotros”. Hoy es Pascua, porque la Palabra de Dios nos asegura: “No está aquí, ha resucitado”. Hoy es Pascua, porque permanece en la Iglesia el sacramento de la fracción del pan”. Hoy es Pascua, porque en el camino de la vida, hay muchos que ejercen el ministerio solidario del acompañamiento.