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El reto de la Pascua

Quiero arriesgarme a creer,

por más que las señales no aparezcan.

Me echo en manos de la confianza,

por ilógica postura que parezca.

Si los que vivieron desde antiguo,

esperaron la venida de Tu Reino,

y se mantuvieron por siglos en espera,

no obstante acontecimientos adversos.

Si el resto de Israel se fio de la promesa,

y fueron profetas de tu advenimiento;

Si tu Madre, María, esperó este día,

y se mantuvo discreta y en silencio.

Hoy quiero sumarme a los que cantan,

el retorno del exilio, confinados.

No sé cuándo acabará el acoso,

pero es distinta esta cuarentena.

Quiero ser profeta de alegría,

y no por evasiva inconsciencia.

Me sumo a tantos que en la prueba

permanecen de pie, ilusionados.

Porque Tú venciste a la muerte,

y nos ofreces las llagas de tus manos.

Porque Tú te ocultas en cualquiera,

es posible sentirte hoy resucitado.

Me dirán iluso, enajenado,

mas sé que gracias a esta luz del alba,

todo se queda transfigurado.

Y hasta la Cruz es clave redentora.

Quiero cantar el Aleluya,

y sin pudor repico las campanas.

Tantos gestos nobles me lo dictan,

que, por encima de todo, hoy es Pascua.

 

                                                              Pascua, 2020