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Viernes Santo, contemplacion de la cruz

Hoy se quedan nuestros ojos clavados en el madero, sabiendo y creyendo que de allí nos viene la Salvación. Sin poder besar al Crucificado, porque permanece en alto, la mirada a su cuerpo nos ofrece, en silencio, el remedio para nuestra fragilidad.

Árbol de la Cruz, brazos permanentemente alzados ante Dios. Dique para la desolación y muro contra la desesperanza. Estás puesto como guía del éxodo mundial, encabezando los pasos de la humanidad entera hacia las manos entrañables del Padre.

Estandarte santo, levantado como la serpiente del desierto, cura nuestras dolencias, atrae hacia ti a los heridos de muerte y a cuantos, desconcertados, sienten el momento presente con dolor. Danos a todos confianza. No hay mal que en ti no se cure, ni veneno que se imponga a la salud integral del ser. Tú eres el manantial que sacia la sed, la puerta del triunfo definitivo.

Tú nos regalas la salud más preciosa, la de la esperanza, al saber que no estamos abandonados a un mal sin remedio. Tú transformas nuestras heridas en títulos de gloria. En ti se remedia el mal y se perdona el pecado. Por tu Cruz y tu muerte nos has entregado la contraseña para entrar en el cielo. Gracias a tu ofrenda, a los ojos de tu Padre ya no hay dolor sin sentido, ni muerte sin luz.

Jesucristo, mantén tus brazos en alto mientras dure la pandemia. Que no haya dolor inútil, ni muerte sin auxilio, que no se cronifique la herida ni quede defraudada nuestra esperanza. Hoy los cristianos sentimos el don precioso de tu Redención.

Árbol de la cruz bendita: atenúa los rigores de tanto dolor y transforma nuestra angustia en credencial para entrar en el recinto de tu corazón compasivo, en crisol purificador de nuestros pecados, en título autentificador de nuestras vidas que redima nuestras historias emancipadas de tu voluntad.

Ante tu ofrenda de amor inclinamos la cabeza, caemos de rodillas, sobrecogidos por tu gesto magnánimo.  Por darnos vida, has querido compartir nuestra muerte, para que ninguno de los que mueren pierda la esperanza.

Hoy te presentamos las intenciones universales, que tu Iglesia eleva ante ti para que las bendigas desde tu Cruz, y por ella el mundo entero comprenda que no nos has abandonado. 

Jesucristo déjate sentir en quienes están poniendo sus manos en los cuerpos heridos, y a todos fortalécenos, para saber trascender nuestros sufrimientos, al verte a ti en ellos.