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Martes Santo

TRAICIÓN

Los Padres de la Iglesia recomiendan que nos imaginemos que somos los diferentes actores de la Pasión de Jesús. En algunos lugares existe la tradición de representar en vivo las escenas más sobresalientes de los relatos evangélicos que se refieren a los momentos últimos de la vida de Jesús.

Si cabe proyectarse en las figuras de Nicodemo, del Cirineo, de las mujeres que acompañan a la Madre de Jesús, del discípulo amado, de María Magdalena… , cuesta representar al traidor, o a quien niega por tres veces a su Maestro. Y, sin embargo, cada uno sabe en su propia conciencia las veces que ha necesitado saberse mirado por Jesús y perdonado. 

Ante la situación de sufrimiento de toda la sociedad, es tiempo de honradez, de honestidad y de responsabilidad. Por ocultas que puedan ser nuestras acciones, la sociedad nos pide colaborar más que nunca con el bien común. La traición del discípulo nos escandaliza: Jesús se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar». Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?» (Jn 13, 21-25).

LA NOCHE

Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. La oscuridad, las tinieblas, el transcurrir de la noche se convierte en experiencia de inseguridad, y hasta de miedo. En estos momentos, todos compartimos la experiencia del límite, pero a su vez, nos sostiene el modo en que Jesús afronta su Pasión: “Levantaos, vamos”.

 

 

PROPUESTA 

Es hora de responsabilidad, de solidaridad, de honestidad.