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V Jueves de Cuaresma

XII JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Ante el Crucificado, nos vienen a la memoria sus palabras: “En verdad, en verdad os digo: Quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre” (Jn 8, 51).

El creyente venera la Cruz, adora al Crucificado, sabe que quien está en el patíbulo es el Hijo de Dios que padeció y murió por nosotros. Él dijo de sí mismo: «En verdad, en verdad os digo: Antes de que Abrahán existiera, yo soy».

No somos masoquistas poniendo los ojos en el Crucifijo; por el contrario, esa mirada es la llave para comprender que el sufrimiento del mundo no se pierde, y Aquel que es la vida es capaz de convertir la oblación total en signo de gloria. “Quien guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre” (Jn 8, 52).

MISTERIO PASCUAL

El relato de la Pasión y muerte de Jesús fue escrito después de la experiencia de Pascua, de ahí que los cristianos tomemos como emblema la Cruz, porque sabemos y creemos que quien murió en ella resucitó de entre los muertos. Y quienes participan en sus padecimientos y en su muerte no quedarán confundidos y verán la luz.

Es día y momento de transfigurar desde la fe la condición mortal que nos define. Porque es preciso que esto que es corruptible se vista de incorrupción, y que esto que es mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: La muerte ha sido absorbida en la victoria. “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado, la ley. ¡Gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!” (1Cor 15, 53-56)

PROPUESTA

¿Vives como quien sabe que detrás de la muerte está la vida? ¿O te da miedo pensar en esta verdad?