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V Miércoles de Cuaresma

XI.- JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

No parece lógico que quien es crucificado, sometido y dominado, hable de hacernos libres, como hoy resalta el Evangelio: “Si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres” (Jn 8, 36). Y, sin embargo, nadie más libre que aquel que es capaz de entregar su vida por amor. Él va a decir: “El que pierda su vida por mí, la encontrará” (Lc 10, 39). “Yo entrego mi vida para poder recuperarla” (Jn 10, 17).

Al contemplar cómo clavan a Jesús y sujetan al Creador del mundo, no podemos quedar insensibles. Esta escena supone, además, una revelación paradójica.

LA SABIDURÍA DE LA CRUZ

“Pues el mensaje de la cruz es necedad para los que se pierden; pero para los que se salvan, para nosotros, es fuerza de Dios” (1Cor 1, 18).

Pastor que con tus silbos amorosos

me despertaste del profundo sueño,

Tú que hiciste cayado de ese leño,

en que tiendes los brazos poderosos,

vuelve los ojos a mi fe piadosos,

pues te confieso por mi amor y dueño,

y la palabra de seguirte empeño,

tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, pastor, pues por amores mueres,

no te espante el rigor de mis pecados,

pues tan amigo de rendidos eres.

Espera, pues, y escucha mis cuidados,

pero ¿cómo te digo que me esperes,

si estás para esperar los pies clavados?

PROPUESTA 

¿Descubres el sentido de la Cruz? ¿Sientes que te arrancan la vida, o eres tú quien la da?