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IV Viernes de Cuaresma

VI.- LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

La Pasión de Jesús no comenzó con los acontecimientos de Getsemaní. Ya antes de ese terrible momento, Él sabía cómo iba creciendo la aversión de las autoridades hacia Él. “Entonces, algunos que eran de Jerusalén, dijeron: «¿No es este el que intentan matar? (Jn 7, 25)” Sin embargo, al mismo tiempo había otros que, de manera incondicional, acompañaban al Nazareno, y se arriesgaban a que se supiera que eran de su bando.

Los amigos de Betania que le hospedan, la mujer pecadora que le lava los pies, las personas anónimas que estuvieron dando cobijo a la Madre de Jesús, son testimonios que hacen amainar la tormenta que se cierne sobre el Maestro.

Hay una tradición acerca de la mujer que se arriesga a salir de en medio de la turba para limpiar el rostro del Señor, quien le dejó el regalo de sus facciones en el paño con el que lo había limpiado. Esta escena nos invita a venerar los iconos, las imágenes que representan al más bello de los hombres, porque es quien más ha amado a la humanidad, pero sobre todo nos mueve a ser compasivos con los que sufren por cualquier causa.

CONTEMPLACIÓN

¿Adónde te escondiste,

amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

salí tras ti, clamando, y eras ido.

Cuando tú me mirabas,

tu gracia en mí tus ojos imprimían;

por eso me adamabas,

y en eso merecían

los míos adorar lo que en ti vían.

            (Cántico Espiritual)

PROPUESTA 

¿Te atreves a pertenecer al grupo de los desfavorecidos? ¿Eres solidario con los que lleva en su rostro las marcas de ser desechados?