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IV Miércoles de Cuaresma

IV.- JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE EN LA VÍA DOLOROSA

Sorprendentemente, hoy, 25 de marzo, la Iglesia detiene el itinerario cuaresmal para quedar absorta ante el Misterio de la Encarnación, en el que se contempla el hecho inimaginable de Dios, que se hace hombre en las entrañas de la Virgen Nazarena.

Si la escena del encuentro de Jesús con su Madre en el camino del Calvario no tiene correspondencia bíblica, la verdad de la Encarnación nos permite traer a la memoria los versos del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, que nos hacen imaginar la actitud permanente de María con Jesús, que no pudo ser otra que la de tenerlo siempre en su mente y en su corazón: “¡Oh, cristalina fuente, si en esos tus semblantes plateados formases de repente los ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados!” 

Si el posible encuentro de Madre e Hijo en el camino del Calvario pudo suponer un dolor indescriptible, el hecho de que la joven María quedara embarazada de Dios sin concurso de varón, no iba a ser sin sufrimiento. La maternidad virgen de María supuso para la Nazarena verdaderos dolores de parto a lo largo de toda la historia de su Hijo, y de manera especial en los días de su Pasión.

GESTO ENTRAÑABLE

María no renuncia a salir a la calle, como la madre del condenado a muerte. Ella arriesga que la puedan llamar de manera desvergonzada “madre del ajusticiado”.

Es momento de dar la cara, de profesar la fe en el Misterio que da razón a nuestra identidad cristiana. No quedemos avergonzados al profesar el Credo: “Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato”.

PROPUESTA 

¿Aceptas la voluntad de Dios sobre ti? ¿Tienes la actitud obediente de María?