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III Viernes de Cuaresma

SIGNO  

Los cristianos de las primeras comunidades destacaban ante sus contemporáneos por su forma solidaria de convivir. “Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno” (Act 2, 44).

La fraternidad cristiana, el amor mutuo, la hospitalidad, el ejercicio de la caridad seguirán siendo el santo y seña de la Iglesia de Jesucristo, a la que nos gozamos de pertenecer. Hace 50 años J. Ratzinger profetizaba: “El futuro de la Iglesia quedará marcado de nuevo con el sello de los santos. Permanecerá la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que cree en el Dios que se ha hecho ser humano y que nos promete la vida más allá de la muerte. Porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas” (Benedicto XVI).

DON

Solo cuando nos sentimos amados de Dios, cabe amar como somos amados. En esto consiste el Mandamiento Principal, que no es tanto precepto como desbordamiento del amor recibido.

Hoy, nos lo recuerda el Evangelio: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?» Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mc 12, 28-34).  A quien actúa así, le dice Jesús: «No estás lejos del reino de Dios».

PROPUESTA 

¿Te sientes reflejado en los valores esenciales del cristiano?