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III Martes de Cuaresma

SIGNO

El agua bautismal nos hace renacer y nos permite gozar el don de sabernos hijos de Dios, pero a medida que avanzamos por el sendero de la vida, nuestros pies se manchan de barro y suciedad por nuestras propias acciones egoístas, y necesitamos lavarnos en el sacramento de la misericordia.

El perdón de los pecados que nos concede el bautismo se renueva al recibir, humildes, el don del perdón. Perdón que no solo debemos agradecer, sino también ejercer, pues Jesús nos enseñó a rezar: “Perdónanos nuestras ofensas (culpas), como nosotros personamos a los que nos ofenden”. Y en otro lugar del Evangelio encontramos: “Le medida que uséis, la usarán con vosotros. Perdonad y seréis perdonados.” 

La parábola que hoy se nos propone considerar es para mí una referencia, pues sería desagradecido que después de haber recibido de Dios tanta misericordia, me envalentonara y me erigiera en juez inmisericorde.

DON

Hoy puedes elevar tu acción de gracias por haber sido bautizado, ungido, perdonado, amado. Quizá nos pasa igual que cuando pensamos en la escasez de agua, estando junto al manantial: al mirar a otras culturas, gozando nosotros del don de la fe, no nos damos cuenta del todo lo que supone vivir sin el alivio del perdón. 

Jesús es magnánimo y nos invita a serlo: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” (Mt 18, 21-22.33).

PROPUESTA

¿Pides perdón? ¿Perdonas?