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III Domingo de Cuaresma

SIGNO

En todo discernimiento espiritual, una clave para saber si uno camina por donde Dios quiere es observar los acontecimientos que suceden sin que se hayan manipulado y, según san Ignacio, las mociones consoladoras que se perciban en el propio interior.

Para registrar las mociones interiores se debe hacer silencio, avivar la atención, entrar dentro del castillo, según santa Teresa, y escuchar aquello que no se pude explicar del todo, pero que se siente con todo realismo.

Hoy el Evangelio nos invita a considerar la escena en la que Jesús habla con la mujer samaritana y entre otras cosas, le dice: “El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna” (Jn 4, 14). 

El secreto de una ciudad inexpugnable, no es tanto sus murallas, cuanto que albergue en su recinto un manantial o reservorios de agua. Y el cerco más terrible es acorralar a una población que carece de suministro de agua.

DON

El que cree goza de una fuerza insospechada en medio del acoso de las tentaciones; sabe resistir en la hora de la prueba, le asiste una confianza que le permite esperar; le viene al pensamiento la promesa del Señor, y da fe a que Él cumple su palabra.

Hoy Jesús nos ofrece el manantial interior, por el que cabe resistir la travesía del desierto y superar el estío de la insensibilidad.

“Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad». La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo» (Jn 4, 21-26).

PROPUESTA 

¿Has descubierto el manantial interior? ¿Sabes que puedes saciar la sed de Jesús?