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II Sábado de Cuaresma

PROCESO

Cada uno, a pesar de lo que nos digan otros, debemos hacer el propio recorrido de la existencia y atravesar las etapas de la vida con más o menos golpes y accidentes que nos sobrevienen en el camino.

Este tiempo se define por una cultura laxa, permisiva, como signo de progreso, pero a su vez son muchos los que sufren heridas graves, que se llegan a desorientar y hasta a perder el rumbo de los pasos. 

La parábola que hoy nos propone el Evangelio parece totalmente actual, y describe el proceso de muchos jóvenes, que en su deseo emancipativo se alejan no solo de la familia, sino también de la fe y de la sociedad conformista. Este comportamiento puede conducir al hastío, al escepticismo y hasta a la desesperanza, y también a palpar el vacío y la falta de razón de vivir. Sin embargo, en esta encrucijada, aún es posible rehacer la vida.

META

El texto lucano concede esperanza no solo a quienes han podido hacer un viaje tan extremo como el que recorre el hijo menor de la parábola, sino a todos los que hemos podido gustar los sabores amargos de nuestros alejamientos de Dios. 

Es posible el retorno. La meta se divisa de nuevo. Vuelve a casa. La casa se presiente en el corazón, en el abrazo entrañable, en la misericordia y el perdón, en poder comenzar de nuevo. “Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”. Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo” (Lc 15, 18-21).

PROPUESTA

Vuelve, levántate, Jesús entiende de levantadas y no de caídas. Atrévete a pedir perdón si es preciso.