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II Viernes de Cuaresma

PROCESO

Al igual que existe un proceso progresivo en el camino espiritual, e incluso en la maduración personal, cabe también el deterioro progresivo de la sensibilidad, y que se llegue a perder la percepción del mal y del pecado.

La voz de los últimos papas se ha levantado, señalando el riesgo de la pérdida de la conciencia de pecado. “¿Pero cómo haces eso? Porque has caído en un estado donde has perdido la conciencia del pecado. Y ese es uno de los males de nuestro tiempo. Pío XII lo había dicho: perder la conciencia del pecado. “Se puede hacer de todo…” (Francisco, homilía, 20-01-2020).

 

El ejemplo que pone el texto evangélico de este día denuncia cómo se manifiesta la progresiva depravación: “Los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron Mt 21, 35-39).

META

Hoy, la Palabra, coincidiendo con que es viernes, nos trae a la mente y al corazón la contemplación de hasta dónde podemos llegar en nuestra degradación, pero por lo mismo, hasta dónde es posible reaccionar como desagravio y como conversión del corazón.

 

Si podemos vernos aludidos, en parte, por el proceso del deterioro de la sensibilidad espiritual, es momento propicio para reiniciar el camino, levantarse y seguir detrás de aquel que ha muerto por nosotros.

PROPUESTA

¿Te has acostumbrado a convivir con la mediocridad, o luchas permanentemente por no dejarte arrastrar por el “qué más da?”