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II Lunes de Cuaresma

PROCESO

En el proceso de la revelación bíblica, observamos que la recomendación de ser perfectos y de ser santos, que podría interpretarse como una llamada perfeccionista difícil de seguir, se amplía a ser misericordiosos.

El parámetro en el que debemos fijarnos no es otro que Jesucristo. Él es el paradigma de la perfección, de la santidad y de la misericordia.

De muchas maneras, la Palabra de Dios nos acompaña en el deseo de seguir a Jesús, según el modelo que Él mismo nos propone, el del Hijo amado.

META

Se puede subir a la montaña porque uno se siente ágil, con fuerzas suficientes, entrenado en ascensos, capaz de alcanzar la meta, y es bueno, según dice san Pablo, estar preparados para combatir las dificultades del camino. Pero siempre debemos tener en cuenta el ofrecimiento que nos hace Jesús de venir con nosotros, y de ser compasivo y misericordioso, como su Padre Dios lo es, y no atribuir el éxito a nuestras solas fuerzas.

Hoy nos recuerda el Evangelio la senda que seguir: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros» (Lc 6, 36-38).

PROPUESTA

No te arredres ante la dificultad, la confianza es el bordón que ayuda a remontar la pendiente.