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II Domingo de Cuaresma

PROCESO

El Camino cuaresmal parte de la referencia a nuestro propio origen; estamos hechos del barro y del polvo del suelo, pero estamos llamados a subir a lo alto del Monte del Señor, a la cima del Dios revelado, Jesucristo. 

No se puede emprender el itinerario de la cuarentena solo como proyecto ascético o voluntarista, pues nos llevaría al agotamiento y quizá a una actitud pretenciosa, de vana seguridad. Para ascender al Monte del Señor hay que subir por amor, siguiendo al Amigo, yendo detrás de Él, tanto si se sube al monte de la Transfiguración, como si se llega al monte Calvario.

TRANSFIGURACIÓN

La Iglesia, en su pedagogía entrañable, nos ofrece este segundo domingo de Cuaresma la razón de toda la travesía del desierto, que no es otra que la fe en Cristo muerto y resucitado, Quien en el monte alto quiso anticipar a sus discípulos más íntimos el secreto por el que la Cruz es luz, y que, para alcanzar la luz, se debe atravesar la Cruz. Este secreto no es otro que saberse amado. 

“Seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo» (Mt 17, 1-5).

PROPUESTA

¿Cómo te has planteado la Cuaresma, como ascesis o como expresión de amor?