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I Sábado de Cuaresma

ATENCIÓN

El Evangelio revela una nueva ley en relación con los vínculos de la carne y de la sangre, de las fobias y de las filias. La naturaleza dicta la atracción hacia lo que siente favorable, amigo, propio. Es la ley de la biología, de la carne y de la sangre.

Un cristiano, como todo ser humano, siente la fuerza instintiva que le lleva a querer a los propios, a los amigos, a los iguales, y a su vez siente el rechazo por los que se muestran adversos, contrarios o enemigos. 

El Evangelio advierte que un cristiano tiene que superar esta ley natural para sobrepasarla con el amor, incluso hacia los que se experimenta distantes. En los tiempos actuales, cuando impera la ideologización, se hace muy difícil mantenerse sereno, pacífico, abierto, acogedor hacia toda persona, más allá de su credo, afiliación política o estado social. Y, sin embargo, Jesús nos llama la atención para que no obremos como los gentiles.

MANDAMIENTO

El tiempo cuaresmal es propicio para contemplar la acción suprema de Jesús, quien no solo da la vida por sus amigos, sino que reza para que su Padre perdone a los que lo matan.

Una prueba inequívoca en los procesos de canonización de los que han muerto violentamente en razón de la fe, es si han muerto perdonando a sus verdugos.

Cuesta superar la barrera de la ley afectiva, pero Jesús nos dice: “Si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?  Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 43-48).

PROPUESTA

¿Guardas en tu corazón algún rencor? ¿Te llevas mal con alguien? ¿Te dejas llevar por alguna ideología, hasta el extremo de hacerte incompatible con alguien?