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I Viernes de Cuaresma

ATENCIÓN

Al altar no se le puede hacer violencia si queremos ser gratos a Dios en nuestra relación creyente. Él nos pide que estemos a bien con el prójimo. Por mucho que disimulemos, si en nuestro corazón se albergan sentimientos contrarios a la caridad, Quien ve las entrañas y el corazón descubrirá que no nos acercamos adecuadamente al altar.

El salmista es contundente cuando indica las condiciones del que se acerca al santuario: “Quién puede subir al monte del Señor? | ¿Quién puede estar en el recinto sacro? El hombre de manos inocentes y puro corazón, | que no confía en los ídolos | ni jura con engaño” (Sal 23, 2-4). 

El tiempo cuaresmal es propicio para la reconciliación, para arrancar la mala semilla de la envidia, los celos, la mala memoria, cuanto dicta el orgullo, la vanidad y la soberbia, actitudes incompatibles con el deseo de habitar en la casa del Señor.

CONDICIÓN NECESARIA

El rey David quiso construir un templo para el Señor, pero Él se lo impidió. “David dijo a Salomón: «Hijo mío, yo pensé construir un templo en honor del Señor, mi Dios. Pero recibí la palabra del Señor que me dijo: “Tú has derramado mucha sangre y has emprendido grandes guerras. No construirás un templo en mi honor, porque has derramado mucha sangre en mi presencia. Mira, te nacerá un hijo que será un hombre pacífico; le concederé paz con todos los enemigos de alrededor. Su nombre, por tanto, será Salomón (I Cro 22, 7-9).

Y Jesús dice: “Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda (Mt 5, 20-26).

PROPUESTA 

¿Haces violencia al altar? ¿Te sobrepones a tu conciencia?