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I Miércoles de Cuaresma

ATENCIÓN

Cuando uno conduce o camina, si no desea perderse, debe ir atento a las señales que aparecen a lo largo del trayecto. En mi experiencia del Camino de Santiago, el hallazgo de la flecha amarilla da alegría y confirma la buena dirección.

No siempre se encuentra la señal que se desea en el camino jacobeo, y a veces, por ser muy temprano, o por otras causas, se avanza con la duda de si se irá o no por donde se debe. 

En la vida hay también signos y señales que previenen de riesgos para la salud, y sobre todo para la opción de vida que se debe tomar, o ya se ha tomado. Una señal es la paz interior, pero a veces nos domina la tentación del gusto, de lo que apetece,  o quizá los sentimientos, y puede suponer un retroceso en el camino o hasta una opción errada.

LA SEÑAL AUTÉNTICA

Jesús nos anticipa la señal que nos conduce a la salvación, y que no siempre comprendemos, porque implica ofrenda, sacrificio, y hasta muerte. Es el signo cristiano por excelencia, el Misterio Pascual, muerte y vida, que cabe   aplicar no solo a toda la existencia, sino a cada momento.

A lo largo de la vida, en las encrucijadas del camino, la dirección que debemos tomar pasa por la Cruz. Nuestra naturaleza la rechaza, pero por la fe cabe decidir ir detrás de Jesús. “Y está claro que, pues lo es que a los que Dios mucho quiere lleva por camino de trabajos, y mientras más los ama, mayores, no hay por qué creer que tiene aborrecidos los contemplativos, pues por su boca los alaba y tiene por amigos” (Santa Teresa, CP 18, 1).

Jesús denuncia a quienes solo desean el espectáculo sensible. «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás (Lc 11, 29-32).

PROPUESTA

¿Qué sueles elegir en caso de duda, lo que te apetece o lo que te exige generosidad?