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I Domingo de Cuaresma

STOP

La Cuaresma tiene la resonancia de la estancia de Jesús en el desierto durante cuarenta días. El desierto es el lugar donde se vive el despojo, la soledad, el silencio, el límite y la tentación, pero también la mayor libertad y sobre todo la posibilidad de sentir el amor de Dios.

El desierto es lugar matriz, donde nos encontramos con la materia prima de la que hemos sido hechos, y al percibir su cercanía, aun sin ser conscientes, percibimos la fascinación de la tierra, de la arena y del paisaje austero. 

La Cuaresma es tiempo propicio para hacer desierto, para permanecer en el ambiente adecuado que posibilita la experiencia más transformadora del ser al dejarse enamorar por Dios.

PONTE EN CAMINO

No tengas miedo, atrévete a ir al desierto. Lo puedes hacer en tu propia casa o yendo a un lugar natural. Al principio puedes asustarte, y hasta creer que pierdes el tiempo. Pero si permaneces, no solo vas a sentir las tentaciones, sino que vas a percibir el manantial que te habita, la presencia de la que eres portador, el mismo Dios.

“Entonces Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. el tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”» (Mt 4, 1-11).

PROPUESTA 

Contra las tentaciones de la sensualidad, del afán de poder y del ansia de tener, Jesús nos ofrece los antídotos del ayuno, la oración y la limosna.