· 

Carta de Cuaresma 2020

MIÉRCOLES DE CENIZA

Sin duda, el ejercicio de la voluntad es provechoso para obtener mayor dominio propio. ¿Quién no ha sentido alegría cuando ha llevado a cabo felizmente un programa, ha alcanzado una meta o conseguido los resultados que se había propuesto?

En un principio, parece que este tiempo de Cuaresma suena a ascesis, a ejercicios más o menos costosos, tipificados en el ayuno y la abstinencia. En todas las religiones existe un tiempo en el que se invita a la práctica del ayuno.

Sin embargo, el motivo de lo que llamamos penitencia, ascesis o ejercicios de la voluntad, para el cristiano es el amor, tanto si trae a la memoria el Mandamiento Principal del Antiguo Testamento -“Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas”-, como si recuerda las palabras de Jesús, que relaciona el ayuno con la ausencia del novio.

El enamorado no lleva cuentas de los kilómetros que hace cada fin de semana para encontrarse con la persona a la que ama. La madre no echa en cara las horas de vigilia, que le produce el llanto del niño. El amor todo lo sublima y es la fuente de la mayor generosidad. 

Las Sagradas Escrituras nos ofrecen un lema para este tiempo propicio: “Misericordia quiero, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos”.

PROPUESTAS

Jesús nos invita a practicar la limosna, la oración y el ayuno de distinta manera a como quizá nos pide la naturaleza:

“Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.

Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará” (Mt 6, 1-6. 16-18).