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Tierra sagrada

Me has dejado, Señor, contemplar la luz,

descalzarme ante la zarza ardiente,

al vislumbrar tu acción en el corazón

de aquellos que sienten la voz de tu llamada.

Es privilegio que alguien te abra el alma,

y comparta sincero toda su historia,

la que discurre al ir detrás de ti, Señor,

la de quienes hoy proclaman tu mirada.

Cómo no descalzarse ante el amor divino,

sentido en el corazón con gran deseo,

a pesar de la fidelidad herida,

mas en seguimiento enamorado.

He sido testigo de los pasos firmes,

de la mirada serena al horizonte,

del corazón atraído por tu rostro,

y de la voluntad decidida, confiada.

Cómo no sentir fascinación agradecida,

ante quienes hoy se sienten tus discípulos,

atraídos por tu Palabra trascendente,

y dejando atrás atractivos naturales.

Es constatación del axioma acreditado:

Al maestro lo hace en parte el que pregunta,

pues no cabe inventar respuesta,

ante la sed de verdad acrisolada.

Agradezco el ministerio recibido

de decir a otros la experiencia

del camino andado, aun con tropiezos,

mas siempre de la mano providente.

Es verdad la intervención divina

en la historia frágil de los hombres,

la evidencia de tu paso recio

que puede más que todas las tormentas.

                                      Solíus, 7 de febrero, 2020