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Soledad acompañada

Yo sé de otras veces que las fiestas se tornan amargas en la ausencia de aquellos que se quiere. Yo que en Navidad la soledad se siente doblemente y hasta hay quien la teme. Por mí mismo, confirmo el riesgo que infiltra la nostalgia en los días solemnes, si no están presentes los que prefieres.

 

Y sin embargo, es posible gozar la suerte de la soledad sonora, del silencio elocuente. Podrá parecer invento, género literario, mas yo sé lo duro que es pensarte ausente de los que amas. Y de pronto:

 

El bosque se hizo lenguas, y presencia la luz.

El cielo cobijaba, la dirección certera, que el sendero llevaba, no obstante la nevera.

 

Es memoria el exilio, memoria la nostalgia. Fue herida el deseo, perdida la mirada, de tener ante los ojos la semblanza amada.

Y hoy degusto la anchura, privilegio el saberme mirado desde arriba, abrazado por dentro,

al tiempo la plegaria por tantos solitarios.

 

He bajado hasta el valle, al lugar entrañable, recordando intenciones me encontré con la Madre, y me quedé sabiendo el envés del desierto,

 

Hoy quiero ser testigo, por si a otros ayuda, de que acabe trocarse abrazo la amargura, con tal de que te dejes mirar en las entrañas.

 

Comencé el año nuevo con expresión de anhelos, de un futuro cierto, fundado en el recuerdo de tiempos preteridos

con acontecimiento.

 

Llegué a sentir por dentro: No temas el futuro, tampoco tengas miedo. Sabes que estoy contigo, invadió el pensamiento. Basta que tengas fe.

 

Comprueba en tu historia la suerte diferente de saberte querido, a sentirte mendigo.

Semejante experiencia de abrazado, al abismo.

 

 

1 de enero, 2020