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II Viernes de Adviento

VISITACIÓN

A María se la venera como Arca de la Alianza, de manera especial cuando se la recuerda subiendo a las montañas de Judea, cuando visitó a su prima Isabel.

El lugar donde se invoca a la Virgen Nazarena como Arca de la Alianza es donde David, una vez rescatada el arca del poder de los filisteos, ascendió en procesión hasta Jerusalén, colmado de alegría por introducir la presencia sagrada de Dios en la ciudad santa.

El ascenso del rey David transportando el Arca profetizaba a María, quien subió llena de alegría para compartir con su prima el gozo de la maternidad. 

En María e Isabel se unen los Testamentos, la Antigua Alianza, sellada con Noé, Abraham, Moisés y los profetas, y la Nueva Alianza, que llevará a cabo Jesucristo, como consumación del plan de Dios de redimir a la humanidad.

Por gracia, la anciana se convierte en madre del Precursor, y la Virgen concibe al Mesías.

Una oración apropiada para este tiempo es el Ave María, pues en la primera parte de la plegaria se encuentra el eco del pasaje evangélico de la Visitación: “Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre”.

El misterio de la Visitación de María a Isabel nos invita a hacernos conscientes de los dones recibidos de Dios y exultar por ellos, a la vez que los compartimos con generosidad, como nos dan ejemplo las dos mujeres bienaventuradas. 

¿Te sientes habitado por la gracia de Dios? ¿Reconoces tus dones ante Dios? ¿Compartes tus capacidades?